A la caza del percebe

Es un oficio duro y peligroso, pero bien recompensado. Extraer el marisco más valioso de la costa gallega ya es una actividad plenamente profesionalizada, sujeta a estrictos planes de explotación y rigurosos controles contra el furtivismo. El objetivo: obtener un producto de primera calidad

A la caza del percebe
Tres percebeiros colaboran en la extracción en las islas Cíes. Fotos: JAVIER TENIENTE

El marisco más exquisito de la costa gallega es también el más dificil de conseguir. "O percebe é un artículo de luxo", recuerda un extractor del codiciado crustáceo. Pero el trabajo del percebeiro ya no es lo que era hace años. La labor reguladora de la Xunta de Galicia y la denodada lucha contra el furtivismo han conseguido por un lado, profesionalizar el sector; por otro, asegurar la pervivencia de la especie.

Así, el viejo "ganapán" ha sido sustituido por los trajes de neopreno, y la venta clandestina en plazas y mercados prácticamente aniquilada por efecto de la vigilancia. "Antes cada un collía canto podía e ía vendelo a quen llo comprase. Desque chegaron os helicópteros todo cambiou", explica X.G., un veterano percebeiro de A Guarda.

La Consellería de Pesca emite desde 1991 estrictas normas para la extracción del percebe. Solo se permite la recogida a entidades autorizadas –por lo general cofradías–, que a su vez establecen un riguroso plan de explotación anual. En el plan constan el número de días máximo de extracción –hasta 180 en zonas muy productivas–, los puntos de control y los puntos de venta –lonjas–.

Además, cada percebeiro tiene una cuota máxima de extracción por día, que suele rondar los cuatro kilos.

Un percebeiro se afana en la recolección de los mejores ejemplares. Foto: JAVIER TENIENTE

La marea

El oficio del percebeiro está íntimamente ligado a las mareas. La búsqueda del crustáceo en las intrincadas rocas de la costa exige aprovechar la marea baja. Y que el mar esté suficientemente tranquilo como para arriesgarse a navegar bajo los rompientes.

En la comarca de O Morrazo, la extracción se realiza por tierra, en la Costa da Vela, o desde embarcaciones, en las islas Cíes. Cada una de las tres zonas designadas dispone de dos meses de veda, con lo que al ir rotando cada una, suman cuatro meses de descanso. La Costa da Vela la dejan para el invierno "porque non entran as lanchas e temos que ir en coches polo monte abaixo", cuenta José Luis Martínez, presidente de la Asociación de Percebeiros de O Morrazo.

Este veterano profesional, que lleva 25 años ejerciendo el oficio, relata cómo es un día de trabajo. "O primeiro é controlar a marea. Saímos en lanchas a Cíes, que ven ser unha media hora. Antes de dúas horas de mar embaixo (la bajamar) non podes empezar a traballar, e dúas horas despois hai que marchar, teñas ou non a cuota", establecida en cuatro kilos por persona.

La recogida del percebe está sujeta a unas normas estrictas de la Consellería y las respectivas cofradías

La recogida se realiza con un arillo y una raspa de hierro. Dura aproximadamente una hora. Luego hace una primera selección de perbeces en la lancha. "Escolles, pasas o control e vas para a lonxa, á subhasta. En total suman seis horas de traballo", explica.

Eso, en un día normal. "Hai que ter en conta que a algunhas rochas non se va máis que tres ou catro veces ó ano. Neses penedos pódese facer a cuota en menos de 20 minutos".

La técnica

Esta no es una actividad que pueda emprender cualquier persona libremente. "Aquí non hai técnicas especiais, pero se precisa estar en forma, ter sangue frío e sobre todo anos de experiencia, dice X.G., un joven de A Guarda que decidió legalizar su situación de percebeiro después de sufrir varias multas millonarias.

Su colega de Cangas José Luis Martínez subraya la importancia de "saber para onde escapar". En cualquier momento, el mar puede traicionar y dar un golpe mortal.

Un percebeiro desciende por el acantilado en las islas Cíes. Foto: JAVIER TENIENTE 

"Cando estás nunha grecha recollendo percebe tés que saber sempre cara onde ir", recalca el percebeiro cangués. "Ás veces non compensa ir cara ó monte, senón cara ó mar. ¡Cantas veces queres cohen terra e vas para abaixo!", comenta.

El traje de neopreno y el caso –de uso obligatorio, aunque no se suele respetar– no garantizan nada. "Neste oficio se che leva o mar é moi difícil que te salves", relata tranquilamente José Luis, que comenzó a realizar este trabajo a los catorce años en las islas Estelas, en Baiona.

El riesgo

Sin embargo, él no cree que el percebeiro esté sometido a más peligros que cualquier otro trabajador. "Hai quen lle pon a etiqueta de alto risco, pero nós non o miramos así". Señala que en los 25 años que lleva recogien do percebe "xa levei catro ou cinco sustos grandes, pero ¿non todo o mundo cae dun andamio ou rompe unha perna no traballo?". Y añade que "o problema máis común é o reuma, por andarmos mollados".

Su vista está en el oído. Agachados, saben cómo es la ola sólo con escuchar el ronquido del mar

Para José Luis, "nas rochas morren os aficionados, a xente ignorante que vai ao percebe sen saber como é o oficio. Eu non recordo que morrera moita xente nosa". Lo importante es conocer el mar, y eso solo lo da la experiencia: "Hai días que lle chaman de mar madrileño, cando parece que está plano. Vas todo confiado e chegas abaixo para darte conta de que non tés tempo de subir".

José Luis Martínez asegura que "a nosa vista é o oído". Al recoger percebe "vas agachado, e só con sentir o ronquido do mar xa sabes de que dimensión é a ola e como ven". E insiste en que "iso hai que vivilo, é cousa de anos".

Tal vez, también, de genética. La mayor parte de los percebeiros sigue una tradición familiar. En el caso de José Luis, "xa andaban ó percebe meu avó e meu bisavó". Y asegura que "en Cangas a maioría somos da familia, os que non somos irmáns somos primos ou cuñados". X.G. dice que comenzó a ir al percebe "cos amigos, e vin que era un bó xeito de gaña-lo pan".

Un momento de la tarea de selección del percebe, al finalizar la jornada en el mar. Foto: JAVIER TENIENTE

En la lonja

La segunda parte del trabajo, pasados los controles, es la venta en la lonja. Los percebeiros buscan el mejor postor. Como cuenta José Luis, "nese momento é un oficio egoísta, porque os novos queren vender primeiro. Eu xa vou para 40 anos e isto queima, prefiro ser dos do medio".

Los precios oscilan mucho según el mercado, entre las 2.000 pesetas/kilo (12 euros) y las 16.000 pesetas (100 euros) que se alcanzaron en las navidades de 1998. En Cangas han decidido que "se baixa de 3.000 pesetas non vamos ó mar". El percebe aguanta en una nevera normal 10 ó 12 días, y los mismos compradores saben que con la mercancía del principio de semana tienen suficiente para los días de más consumo. Por eso "é difícil que vaiamos un venres a non ser que non houbera mar durante as xomadas anteriores".

Y es que los percebeiros, dado que el mar les marca su trabajo, no pueden salir todos los días. Con suerte, 10 ó 12 al mes. No obstante, han de organizarse para vigilar las zonas de extracción.

Furtivismo

Las rondas han conseguido alejar a los furtivos, personas que recogían percebe para consumo propio o para su venta clandestina, lo que les permite obtener una ganancia extra. "Costou moito quitar á xente que chamamos da caldeirada, a que o fai por hobby", explica José Luis. "Levaban todo, non respetaban", dice, "bolsiña a bolsiña nun fin de semana podían levar 300 ou 400 kilos".

Ahora, el problema en la Costa da Vela son drogadictos que buscan en el percebe el pago rápido para su dosis. "Van de noite. Se os cachamos chamamos a Guardia Civil, pero non se dá o caso porque o que máis lles doe é que lles quites o percebe", indica el presidente de los percebeiros de Cangas.

Buenas perspectivas

Para este profesional, el futuro del sector "vai a mellor". Asegura que las ganancias están subiendo y que "hai percebe en tódalas esquinas, dende Estaca de Vares ata Baiona e A Guarda". Aunque la calidad no es la misma de hace años ("antes era roxo e longo"), los percebeiros se han concienciado de la importancia que tiene para su oficio ofrecer calidad más que cantidad. "As veces dóeche o corpo porque xa coliches a cuota e ves uns máis grandes. E tés que deixalos para mañán".

Descenso por el acantilado en busca del percebe. Foto: JAVIER TENIENTE

"O principal é traballar como profesionais"

La extracción de percebe está sometida desde 1991 a unas reglas muy estrictas elaboradas por la Conselleria de Pesca e Marisqueo en colaboración con las cofradías de pescadores. Las entidades interesadas presentan cada año un plan de explotación que cumplen rigurosamente, incluyendo labores de vigilancia por parte de los propios percebeiros.

La Cofradía de Cangas es una de las más productivas de Galicia, no sólo por la riqueza de sus zonas (en las islas Cíes y la Costa da Vela, principalmente) sino también por la organización de los mariscadores.

José Luis Martínez Davila preside la Asociación de Percebeiros de la villa del Morrrazo, que agrupa a 65 personas. Explica que "neste oficio o principal é traballar como profesionais", tanto a la hora de realizar las capturas como al respetar las vedas. "Non podemos estar uns contra os outros porque sairíamos perdendo todos", apunta.

La recogida del percebe en Cangas se considera un modelo en las cofradías del resto de Galicia. Por ejemplo, han decidido que si el precio baja de 3.000 pesetas/kilo (15 euros) "non vamos ó mar". Tratan de primar la calidad sobre la cantidad, y se esmeran en las labores de vigilancia. Las faltas de asistencia a las rondas pueden suponer, incluso, fuertes multas a los infractores.

“É moi importante a unión", señala Martínez Davila, que estima que una buena gestión de recursos "fai que o sector vaia para arriba".


Publicado originalmente en FARO DOMINGO el 24 de enero de 1999